Carolina Giraldo, colombiana afincada en Francia, llegó a Bangkok, como otros miles de turistas que visitan el país asiático, en busca de las fotográficas promesas que publican los “brochures” de las agencias de viajes. Su plan era viajar por la península y descubrir los secretos de Tailandia. El avión aterrizó en Bangkok el 4 de marzo de 2010 procedente de Dubai. “Gente por todos lados, mucho tráfico, “touk-touk” - que son una especie de buses muy pintorescos - movimiento, calor, y todo abierto hasta muy tarde”, dice la colombiana al recordar los primeros días en la capital.
Tailandia (Antigua Siam) cuenta con 66 millones de habitantes, de los cuales 6,6 millones viven en Bangkok. Sus habitantes son mayoritariamente de religión budista, aunque también cuenta con una importante población musulmana. Ubicado en el sureste asiático, comparte frontera con Laos, Malasia, Camboya y Myanmar. Este último es una fuente de problemas para la “tierra de la gente libre” (Thai=Libre; Land=Tierra). Debido a sus propios problemas políticos más de 140.000 refugiados birmanos viven en Tailandia.
La colombiana cuenta que lo más llamativo de Bangkok es el contraste entre edificios de cemento y los impresionantes templos budistas. “Es como entrar en un cuento y en otra dimensión” dice. El Grand Palace es, por excelencia, el edificio más representativo de la ciudad. Construido en 1782, fue la residencia oficial de la realeza hasta mediados del siglo pasado cuando la monarquía se trasladó al Palacio de Chitralada, donde reside el Rey Bhumibol Adulyadej y su esposa, la Reina Sirikit
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